
El entrañable Charlot logra, como nunca, removerme por dentro con sus vicisitudes al hacerse cargo de un bebé abandonado por su madre, que no puede cuidar de él. El pobretón, tierno, romántico, pillo y optimista Charlot resulta ser el padre ideal para el niño. Aunque no tiene bienes materiales que proporcionarle, sí le da lo más importante: un gran amor. Juntos forman un equipo simpático y bien compenetrado, urdiendo medios para salir adelante. La más que conseguida ambientación de miseria del entorno en el que viven se muestra de un modo desenfadado, sin pretender cargar las tintas ni dramatizar en exceso con respecto a las muchas carencias que padecen. Chaplin siempre sabe crear un tono que no se regodea en lo dramático, pero que no se priva de desbordar los sentimientos más bellos. Cuando uno ve al padre y al hijo, cuando palpa ese amor que se tienen, cuando uno advierte que todas las riquezas del mundo son inútiles si falta un cariño como ése... Cuando te das cuenta de que ese niño posee la mayor riqueza, que es el corazón de un padre, todo lo demás es secundario... Juntos, podrán ir tirando mientras comparten lo más hermoso que existe en esta vida.
El pequeño se muestra tan convincente, transmitiendo tanto amor hacia su padre, y Charlot tan entregado como progenitor abnegado que defiende y protege a su hijo ante viento y marea, que a una se le parte el alma.
Y, para completar la fuerza emotiva del film, están la fotografía y los efectos visuales, fantásticos para la época, la ya nombrada ambientación que refleja el submundo de los desheredados, y la impecable música compuesta por el mismísimo Chaplin. Pero, ¿este hombre hasta sabía componer música? Desde luego, la genialidad le brotaba en todo aquello que emprendiera.
Un artista y creador de ilusiones como la copa de un pino.
Cuando has visto esta preciosidad, tienes la impresión de que ha pasado un ángel.
El pequeño se muestra tan convincente, transmitiendo tanto amor hacia su padre, y Charlot tan entregado como progenitor abnegado que defiende y protege a su hijo ante viento y marea, que a una se le parte el alma.
Y, para completar la fuerza emotiva del film, están la fotografía y los efectos visuales, fantásticos para la época, la ya nombrada ambientación que refleja el submundo de los desheredados, y la impecable música compuesta por el mismísimo Chaplin. Pero, ¿este hombre hasta sabía componer música? Desde luego, la genialidad le brotaba en todo aquello que emprendiera.
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