jueves, 20 de agosto de 2009

LA MALA EDUCACION




Almodóvar ha dicho que a través de esta película pretendía denunciar una educación basada en el miedo al castigo del infierno y en el temor a la culpa, con lo que la película adopta aires de ajuste de cuentas con el pasado. Ciertamente no es ése el modo de educar para la vida –tampoco para la espiritual–, pero no es mejor el que busca acallar la con-ciencia hasta que el bien y el mal, el amor y el egoísmo resulten del todo irreconocibles. Y vista la película, ese parece ser el derrotero tomado por esos niños ya crecidos, que han machacado su conciencia para incorporarse al grupo de los hedonistas, en palabras del niño Enrique. En definitiva, el mundo retratado por Almodóvar es oscuro y pesimista, donde el individuo se queda solo e indefenso ante la pasión y el deseo, hasta el punto de convertirse en víctimas que más que nada mueve a la piedad.

Un análisis detallado deja ver una repetición de los temas habituales en cintas anteriores, y especialmente a los que ya están presentes en "La ley del deseo". Ahora, una primera parte más evocadora y sugerente –en que se nos narra un pasado traumático de Ignacio ante los abusos del director del colegio– deja paso me-diada la cinta a una auténtica historia de cine negro, donde crimen y chantaje, amor fatal y sexo patético se suceden hasta anular toda sombra de lirismo y esperanza. La deriva hacia lo tórrido y depravado alcanza entonces umbrales caricaturescos, en los que a Almodóvar se le va la mano y se deja llevar por lo explícito y tosco. Porque la tesis –y da la impresión de que el motivo de ser de la película– es culpar y responsabilizar de la degradación de Ignacio o Enrique a la represión/moderación del deseo y al sentido de culpabilidad originado por la mala educación impartida por los “Padre Manuel” de turno, en un juicio injusto e irresponsable por lo que de particular y excepcional tiene

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